Relatos y Literatura en Prosa

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Octubre

Aquel octubre sería diferente.

Silvino se quitó su sombrero de paja, secó el sudor de frente y dando un suspiro contempló el horizonte. El cafetal había sido su hogar y su escuela, su trabajo y su ocio, no conocía otra cosa más allá de las montañas húmedas.

Nunca había hecho nada más con sus manos callosas de toscos dedos, su abuelo recogió café y su padre también.

Octubre suele ser el primer mes de cosecha, el olor a tierra mojada se mezcla con el dulce del cafeto, la niebla cae sobre la siembra y la sofocante humedad hace difícil el trabajo. El cultivo de café no tiene normas, las semillas maduran de manera desigual y cada tres semanas hay que recoger las que estén rojas. Los jornaleros salen
con grandes cestas vacías y deben traerlas llenas de bayas maduras para cobrar un par de billetes.

Aquel Octubre sería diferente.

Harto de su vida, Silvino soñaba con bañarse en el mar, decían que estaba justo ahí, al pasar las montañas, que se abría infinitamente azul, que olía a sal. Soñaba con dejar de recoger café. Pero no podía imaginar cómo podría
librarse de ese paisaje de filas de arbustos verdes, cestas de mimbre y sonrisas manchadas.

Aquel octubre le conoció.

Él le ensañaría a cultivar algo más productivo, con diferente olor. Le regalaría el mar y le prometería otra vida sin saber que acabaría siendo su muerte.

Minerva Mariño